Bien parecida, tranquila y siempre acompaña de sus dos hijos pequeños de 3 y 4 años se veía a Marta Lagos Frías en un cibercafé de Puente Alto. Los niños nunca hacían ruido ni menos hacían sospechar de que algo no andaba bien. Tuvo que ser su hermana, quien vio que en su computador tenía correos con nexos pederastas, la que la denunció a la policía. Ni siquiera ella sospechaba siquiera lo que ocurría en las cabinas del cibercafé.
La Brigada de Delitos Sexuales la investigó y la pilló con las manos en la masa. Marta Lagos, de profesión sicóloga, fue sorprendida justo en el momento en que abusaba de sus hijos: estaba semidesnuda y con uno de los menores simulando tener sexo. Todo era registrado por una cámara web, la que transmitía las imágenes en vivo y en directo a Argentina y algunos países de Europa.
El “pituto” era el siguiente: las grabaciones iban a ser utilizadas para la realización de una película por la que Marta Lagos iba a recibir 9 mil dólares (5 millones de pesos). La oferta iba a subir a 30 mil dólares (16 millones de pesos) si la mujer dejaba que los niños fueran abusados por pederastas extranjeros.
“Estoy muy arrepentida”, dijo cuando era trasladada desde la Brisexme hasta el Tribunal de Puente Alto.
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